Me rindo al verano

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Me rindo al verano.
A sus noches cortas, a su olor a no sueño.
Me rindo a cada día no planeado; y a todos los planes hechos y cumplidos.
Me rindo a los abrazos salados, y a los besos debajo del agua;
al arena entre los dedos de los pies, y a ese cóctel que te transforma.
A las marcas del bañador, y al olor a crema solar.
Me rindo a cada mirada no perdida, a los amores de verano y a los amantes que se quieren solo en agosto.

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A las olas que te sanan, a las dunas que te abrazan.
A las siestas debajo de la sombrilla y a las canciones pegadizas.
A esas partidas de cartas hasta que el sol decide echarte de la playa; a las risas espontáneas por haber ganado la ronda.
Me rindo a cada cena en la terraza, a cada picadura maldecida una y otra vez.
Al perfume a madreselva, a palmera y a granizada de limón; al helado de chocolate que te mancha la camisa blanca.
Me rindo a las fiestas ibicencas, a las noches de discoteca, a las tardes de chiringuito.
A las puestas de sol con amigos, y a los amaneceres en pareja.
A los bailes, a las danzas, a las faldas voladoras.
A los tirantes caídos del hombro y a las camisas remangadas.
A la sudadera “por si refresca”; y a esa rueda de sandía que te supo a caramelo.

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Me ha ganado a pulso, me ha hecho quererle, extrañarle, por todos los buenos momentos que me deja. Me rindo a los recuerdos que me dejará por los que hablar en el invierno.

Me rindo al verano.

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Esta no es una historia sobre mí; es la historia de un recuerdo en mí

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mujer151

Una huella.
Un camino.
La abstracción que te choca en el trozo de vida que ves en un parpadeo;
el rebote que te levanta en el tiempo que dura un amanecer; renacer.
Es el camino que andas mientras miras al suelo, buscando un sentido a ESO, “por qué te mereces ESO”.
Un castigo.
Una enseñanza.
Mirar atrás.
La niebla de la evolución no te deja ver lo lejos que quedó todo ya.
Nunca serás más joven de lo que eres ahora. Y ahora. Y ahora.
Ni tampoco tan maduro. Y ahora. Y ahora.
Puede ser una carta a un corazón inocente, o a un corazón ciego.

Querido corazón de hace diez meses,

no sabes la grandiosidad que te espera. Esto es alucinante. El mundo hoy es simplemente genial.

Te veo en mayo.

La balanza del dolor que te catapulta al éxtasis vital de saber que eres más auténtico que nunca; que el amor propio no es ego; o sí, qué coño. Yo sé quién soy y cuánto brillo, por qué no decírselo al mundo.
Encontrarse a sí mismo debería ser catalogado como la novena maravilla del mundo, porque la octava somos cada uno de nosotros mismos en nuestra íntima unidad.
Una parte más del mundo; ser el mundo en sí mismo, nuestro propio mundo, el centro del mundo.
EGO-CENTRISMO.
Ver que sin uno mismo, nada de esto tiene sentido; placer divino.
EGO-ÉXTASIS
EGO-ORGASMO
EGO-CENTRISMO
Darte la vuelta de nuevo; mirar al frente y no lograr divisar el límite de todo; de nada.
Porque no tenemos límites, solo trabas. Y qué. Se saltan y ya está.
No hay dolor.
No hay lástima.
No hay compasión.
Hay uno, grande y libre.
Hay un yo.
Hay una vida.
Solo una.
Hay una persona.
Solo una.
Hay yo.

Septiembre: bienvenidos al mes del aprendizaje

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Acaba el verano, sí. Llegan los atardeceres tempranos y los amaneceres tardíos. Llegan los días de calor inesperados -el veranillo del membrillo-, y el frío llega y se sienta contigo en el sofá. Septiembre es ese mes de ni que sí ni que no, que ni azul ni naranja; una mezcolanza de sensaciones capaz de confundir a cualquiera. El aire deja de oler a sal y pasa a oler a vacío; pesa más y se posa en nuestros hombros.

Un verano: dos meses mal contados de ganas, de alegría, de energía, y de sentimientos y planes en potencia, pero que muchas veces se queda en eso, en potencia, y no llegan a ser nunca. No llegan a ser nunca, o no siempre, o quizás no este verano y sí el siguiente.

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Para muchos el día de hoy, la transición a septiembre es sinónimo de tristeza, pero para mí nunca fue así. Por poco que me espere de cada verano, éste siempre acaba sorprendiéndome. Le debo mucho a esta estación del año a pesar de no ser mi favorita. Agosto es el mes de las enseñanzas por excelencia, al menos para mí. Este mes es al año como el atardecer es al día, teniendo la noche -septiembre- para reflexionar y aprender. Pero sobre todo para aprender. Miras atrás, y ves las huellas que dejaste en la orilla en aquel paseo por la playa. Siempre puedes volverte sobre tus pasos, y pisarlas para rehacer el camino, o decides coger uno alternativo. Septiembre es un mes infravalorado en cuanto a aprendizaje se refiere, y creo que todos le debemos una oportunidad. Yo por el momento, se la llevo preparando desde que llegó el 20 de agosto. El final del verano, la pesadilla del año, la tristeza, los adioses y las despedidas.

Yo… con mi maleta llena de experiencias acabo de llegar de mis vacaciones emocionales, ahí está tirada en el suelo dispuesta a ser deshecha.
Yo… estoy dispuesta a ir sacando una a una, para mirarlas y remirarlas, todas esas experiencias buscando en ellas aquella manchita, aquella arruga o aquella motita, la cual, por muy pequeña que sea, haga que aprenda de manera muy grande.
Yo… estoy dispuesta a recordar todos aquellos buenos momentos, y los no tan buenos -que por algo vinieron-, para conseguir sacar de todo ello una mejor versión de mí, siempre mirando por mí. Yo. Yo. Verano y yo. Aprendizaje y yo. Reflexión y yo.482914

Uno no disfruta del verano si no se entrega en totalidad a uno mismo. Sin un disfrute pleno de uno, se es incapaz de compartir con los demás. La paz crece dentro y cuando es lo suficientemente grande sale fuera y se hace visible. No se puede crear desde fuera para que llegue hacia dentro. Error garrafal.

Un verano no se disfruta si no estás en paz con tu interior, si no has cerrado las puertas al invierno para que el frío se quede allí dentro.

Un verano no se disfruta si no quieres que sea verano.
Un verano no se disfruta si no estás dispuesto a aprender.
Un verano no se disfruta si no estás dispuesto a crecer. Si no estás dispuesto a creer.
El sol no te parecerá tan bonito cuando se pone, si no estás dispuesto a verlo caer.

Por eso os recomiendo a todos, que como yo, cerremos este verano con grandes lecciones aprendidas sobre cómo ser la mejor versión de uno mismo, para que el verano que viene no sea un verano en potencia, si no que llegue a ser verano. Todo pasa por algo, y hay que aprovecharlo.

Pero ojo, para amar al verano, hay que enamorarse primero del invierno.

Feliz aprendizaje.

Miedo

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¿Qué feo es el miedo no?

Tan oscuro y siniestro, tan como en tu sombra todo el día persiguiéndote hasta en tus mejores momentos… y en tus peores lo tienes cara a cara. Es un veneno que mancha todo lo bueno que puede llegarte a pasar nunca, y en esos días en los que lo tienes tan cerca, se convierte en un pozo que tira de ti hacia abajo. Ordena a la tierra que te trague haciendo de tu momento una agonía plena e irrevocable.


No se merece el menor de los respetos esa droga recursiva en la que se refugia tanta gente. Tú y yo hemos acudido a ella alguna vez, para qué engañarnos. Nos alimenta, engaña a nuestro estómago sentimental llenándolo de falsa y negra satisfacción, nublando cualquier resquicio de posible felicidad o camino hacia la luz.
Muchas veces aunque la veamos renegamos de ella, porque en ese pozo se está a gusto, ¿verdad?
PUES ES TODO UNA FARSA. Te lo digo yo ya.
El miedo es ese fantasma que nunca existió, es una máscara que esconde nuestra felicidad, aquella alcanzable en muchísimos momentos y diferentes facetas de nuestra vida; aquel que te pone al zancadilla cuando crees haber cogido carrerilla.
Y existe remedio para que desaparezca, ¿eh? Existe.


Existen los ojos cerrados, el sentir el viento de la confianza, el viento de la satisfacción de querer a ciegas, el olor al mar que te arrasa y te traspasa cuando has estado con alguien y te lo has pasado tan bien, que ese fantasma ha quedado encerrado en su propio pozo, ahogado por tu luz y tu felicidad; existe también el volar por encima del cielo, cuando has llegado a la meta de esa carrera de fondo tan tediosa y agotadora, la satisfacción del sacrificio… porque el miedo es vago, tímido y desconfiado. El miedo está en ti, nace en ti y muere en ti. Tú eres dueño de tu propio miedo, es tu marioneta, y tú mismo eres el único que puede manejarla a tu propio antojo para que haga lo que a ti te de la real gana.

Tú eres el único que puede elegir ser feliz y finalmente serlo.

De vuelta, pero sólo de paso…

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Van a hacer cinco meses que no produzco nada digno de ser publicado en este blog, nada consistente ni que no sea un artículo periodístico.

Es muy grande el pesar que tengo dentro por tener este espacio mío tan polvoriento y desnutrido de nuevas ideas y sentimientos, pero hay cosas en la vida que, desgraciadamente, pesan más que la imaginación.

Soy universitaria y los estudios que curso me absorben el 80 % del tiempo del que dispongo, lo cual anula mi tranquilidad y sosiego necesarios para poder seguir escribiendo. Ahora que se acerca el verano mi cabeza parece una olla a punto de hervir, llena de ideas, proyectos e historias deseosos de ver la luz para ser leídos por vosotros. Dani está impaciente por empezar a vivir su vida de introspección, y muchos sentimientos están nerviosos por salir afuera y ser leídos y sentidos también por otras personas.

Solamente deseo que todo este sacrificio por aguantarme la pluma merezca la pena cuando llegue el 30 de junio. Sí, hay fecha. Espero que al haber cuenta atrás no se me haga aún más larga esta prórroga.

 

Hasta pronto.